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5
Abr

Comprometidos con la meta…

Es sorprendente el trabajo de los miembros de cualquier escudería de Fórmula 1. Su compromiso con la meta, su sincronización.

Nadie lo cuestiona en el equipo, el objetivo es único; llegar el primero a la meta, ganar. Saben que el resto de equipos, los competidores, tienen el mismo objetivo y que sólo uno alcanzará el éxito. El reto es difícil y el compromiso máximo…

Todos y cada uno de los miembros llevan a la espalda el anagrama de la firma. Ninguno se escaquea. Cada uno sabe lo que tiene que hacer. Son todos anónimos excepto uno, su líder. Todos siguen atentos, sin pestañear, la evolución del resultado de su trabajo, dispuestos a intervenir en cualquier momento de manera que al responsable no le falte de nada para conseguir su propósito.

El apoyo es total. Si fracasa el líder todos comparten la pena y a trabajar buscando la forma de ganar en la siguiente ocasión. Si por el contrario gana, su jefe de filas repartirá los honores y les inundará de cava.

Se echa de menos en nuestras organizaciones empresariales un modelo parecido. Un modelo en el que todos conozcan la estrategia de la carrera para que todos se sientan dueños de la meta y que comprendan que es solo una, la satisfacción plena del cliente. Un modelo en el que cada miembro de la organización disfrute de cada cliente nuevo conseguido, una nueva meta alcanzada, o le duela en sus carnes cada cliente que se pierda.

Echo de menos en nuestras organizaciones una dirección clara de valor. El hilo conductor de cada tarea, de cada puesto.

Nuestros representantes, los que en las organizaciones se sientan en el Fórmula, en el bólido, son nuestros comerciales. Son ellos los que cada día se enfrentan a la carrera por alcanzar la meta, el pedido, el cliente. Y demasiadas veces no cuentan con un equipo de profesionales coordinados detrás, atentos a la operación, dispuestos a darles la cobertura necesaria para que resuelvan los incidentes de la carrera y poder así conseguir el apreciado y ya más que necesario pedido. Es más, en muchas ocasiones, las centrales de las empresas, dirección, logística, administración, compras, sistemas, mantenimiento, etc.; es decir, boxes, están diseñadas al revés, en sentido contrario a la meta.

Me explico. En vez de tener una clara orientación de servicio en dirección al fin último, el que nos garantiza a todos la supervivencia, es decir, el cliente, el pedido, dando el respaldo necesario a quien es el responsable de conseguirlo; el comercial, en muchas ocasiones, es el que tiene que atender a la central con peticiones constantes y caprichosas, interrumpiendo su trabajo a diario de manera aleatoria. Es como si al piloto de Fórmula 1, en vez de darle información válida de su situación en carrera con las instrucciones claras de lo que tiene que hacer para ganar; le estuvieran, cada miembro

del equipo, solicitando que entrara en boxes, de manera descoordinada, despistándole con cuestiones que tienen que ver más con asuntos relacionados con el responsable de cada área que con el reto de ganar la carrera.

Así no hay quien gane. Es imposible. Si a esto añadimos que cada vez que el piloto, nuestro comercial, solicita apoyo y ayuda para resolver cualquier circunstancia que el cliente le reclame encuentra que no encuentra a nadie dispuesto a prestarle la atención debida, el fracaso está garantizado.

A mi modo de ver, ésta es el área de mejora más importante de nuestras organizaciones; la orientación del valor. El compromiso con la meta de cada miembro del equipo.

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